Lo conservador en lo progresista.
Una Andalucía obstinada en un PSOE que tanto ha robado en esta tierra y que adelanta elecciones por estrategias partidistas debería tener una deslegitimación en la confianza de la ciudadanía. No ha sido así, una Andalucía cerril ha tratado de cerciorarse del triunfo de la “bitradicionalidad” porque aunque queramos (o aparentamos), por cuestiones históricas entre otras, creer en crear protegiendo al que menor poder tiene, en la capital andaluza o eres del Betis o del Sevilla. Aún así, se ha dibujado en el Parlamento nuevas sillas de color morado (15) y de color naranja (9), que suponen una victoria frente al bipartidismo aunque por parte de Podemos se haya soñado con más, y que descarrían a una UPyD rota y una IU sostenida sobre los soportes de la tradicionalidad y agrietada por una corrupción constatable en la hemeroteca más reciente.
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