sábado, 2 de mayo de 2015

La globalización, ¿beneficiosa o perjudicial?

La globalización, ¿qué es?

La globalización es el proceso económico por el cual se intensifica y expande el comercio
internacional entre diferentes países a causa del levantamiento de barreras económicas y de una mejora de las comunicaciones.

Podemos encontrar precedentes del intercambio de mercancías entre regiones muy alejadas de nuestro planeta desde el siglo I a.C cuando se importaban seda y otros productos de Oriente con destino a Europa desde la conocida como Ruta de la seda. El comercio internacional cada vez se
desarrollaría más hasta la época de los grandes descubrimientos en los siglos XV y XVI cuando los
españoles conquistarían América y los portugueses lograrían establecer una ruta relativamente rápida hasta la India bordeando África floreciendo así las posibilidades de los comerciantes de importar productos exóticos. A la época de los grandes descubrimientos, alrededor de dos siglos después, le seguiría la etapa imperialista en la que las principales potencias europeas colonizarían territorios de Asia y África de donde obtendrían grandes cantidades de productos, que no era posible producir en Europa, tales como cacao, té y algodón entre otros muchos y, además, crearían un mercado protegido para los productos de la metrópoli en estas colonias.

Evidentemente el comercio internacional actual funciona de una forma muy diferente que el de la Antigüedad o el del siglo XIX y se basa en el desarrollo de la sociedad de consumo establecida en Occidente por la cual la mayoría de la población consume enormes cantidades de bienes de consumo cayendo a veces en el consumismo. La globalización, a día de hoy, se caracteriza por la división internacional del trabajo (los productos se diseñan en países desarrollados y se fabrican en países subdesarrollados), enormes flujos financieros internacionales, un comercio mundial mayoritariamente controlado por las empresas multinacionales y por el esfuerzo de los gobiernos de diversos países capitalistas por levantar barreras económicas y favorecer el libre mercado internacional a través de acuerdos económicos tales como el TTIP, TISA y NAFTA.

De este complejo proceso económico podemos encontrar partidarios, con lecturas favorables al levantamiento de barreras económicas, basadas en los argumentos de la libertad económica, el crecimiento y el desarrollo económico y, en la otra cara de la moneda, también hay muchas voces críticas que argumentan que, tanto el proceso de globalización como los diferentes tratados comerciales, se hacen a medida de las multinacionales perjudicando a la mayoría de la población ya que esta supresión de barreras puede llevar a un deterioro de los derechos laborales y suponer un peligro para el medio ambiente y los productos nacionales.


Posturas

Nacho Vargas
BARRERAS TÉCNICAS Y PROTECCIONISMO

El limitar la entrada en un país de productos procedentes de otros países ha sido una constante desde la instauración del Estado Liberal, acentuada en los siglos XIX y XX, a fin de proteger los productos autóctonos, y para ello se cobraban cantidades de aranceles desorbitadas para que no hicieran la competencia a los mercados propios.
La Comunidad Económica Europea rompió esa tendencia y hoy, con 28 países integrados en la Unión Europea, es un ejemplo de libre comercio interior y protegido. Pero la llegada del comercio electrónico está cada vez más cambiando la tendencia por la imposibilidad de controlar lo que entra en un país. No obstante aún quedan barreras técnicas que salvar entre Europa y el resto del mundo pues estas barreras se utilizan también como sanciones por determinadas prácticas (caso del gas de Ucrania).
La Organización Mundial de Comercio cada día cuenta con más miembros lo que hace predecir que las barreras desaparecerán con el tiempo, facilitando la libre competencia y beneficiando a los consumidores, siempre que no sean armas arrojadizas, los aranceles, para dirimir otras cuestiones.


Sergio Blanco

En el momento en que uno oye este término tan común en nuestros tiempos: globalización se
le viene a la cabeza una gran empresa, como puede ser Coca Cola, Nestlé, Zara o BP; también
puede sugerirle la idea de una gran cumbre internacional con los mandamases del mundo globalizado. Más allá de estas dos típicas imágenes, a la hora de hablar de globalización nos hacemos la pregunta, más moral que económica o política: ¿es necesario todo esto, es bueno y beneficioso?

Responder a esta pregunta no es fácil; no podemos proporcionar respuestas absolutas o dogmáticas sí o no con toda la tranquilidad del mundo. Personalmente, me remitiré a una frase del filósofo Fernando Savater: Uno puede estar a favor de la globalización pero en contra de su rumbo actual, lo mismo que se puede estar a favor de la electricidad y en contra de la silla eléctrica. Este enunciado coincide con mi óptica personal acerca de este tema, que probablemente es la compartida por una gran parte de la opinión pública en el mundo. El proceso de globalización comporta unos beneficios potenciales elevados para la población, y eso es evidente; beneficios como el acceso a la educación y a la cultura, a los recursos económicos mundiales, a la posibilidad de conocer otros lugares del mundo, etc. Es aquí cuando choca nuestro ideal de sociedad globalizada con la realidad de nuestro tiempo: la globalización está generando beneficios, a costa de la pobreza de cientos (o miles) de millones de seres humanos, potenciales, que no reales, receptores de estos beneficios.

Como conclusión, brevemente puedo decir que la globalización es un proceso estrictamente necesario; tan estrictamente necesario como es cambiar su rumbo actual.


Ricardo Pérez

¿Quién no disfruta nunca del consumo de productos extranjeros? Todos disfrutamos con nuestras Playstations de marca japonesa o con nuestros coches de marca alemana, lo cuál en principio no alberga ningún problema, sin embargo, muchos productos extranjeros que consumimos proceden de una larga cadena productiva que deja mucho que desear. Por poner un ejemplo, el otro día me enteré que algunos vehículos de General Motors (teóricamente americanos), son diseñados en Alemania, fabricados en México y finalmente ensamblados en Canadá. Los bienes de consumo que comercializan las multinacionales difícilmente proceden de un solo país, lo que puede acarrear un derroche energético y un impacto medioambiental absurdo cuando nuestra ropa de marcas como Nike es fabricada en China para ser vendida en Europa (miles de toneladas transportadas miles de kilómetros) con tal de ahorrar dinero en la mano de obra no garantizando las condiciones laborales mínimas a sus trabajadores.
Las multinacionales se han aprovechado de los diferentes tratados comerciales internacionales, vulnerando constantemente derechos laborales y perjudicando al medio ambiente en los países subdesarrollados, por lo que defiendo una revisión de los tratados a fin de crear un comercio internacional más justo que garantice condiciones laborales dignas a los trabajadores sean del país que sean (que de lo que pagamos por un producto un mayor porcentaje sea para el trabajador) y que se repatrie parte de la industria a Europa (combatiendo así el paro que nos sacude, ahorrando en transporte y cumpliendo la legislación laboral y medioambiental europea).


Pedro Jiménez
Cuando me dicen que el comunismo sólo causa miseria yo me planteo: ¿y el capitalismo no? Suerte tenemos de no vivir en un país subdesarrollado y poder aprovechar las ventajas del capitalismo. Esta globalización tan aplaudida por las grandes empresas y por los ricos (como siempre) es la causante de la explotación laboral, la explotación infantil y de la auténtica miseria de los trabajadores de países como la India, Sri Lanka, Tailandia… que cobran menos de un euro a la hora mientras cosen zapatillas o balones que más tarde serán vendidos por cifras incluso superiores a los 100 euros. Hablamos de unas condiciones de pobreza máximas causadas por el todopoderoso y perfectísimo capitalismo que llena de felicidad a todos. Esto lo causa la globalización, la libertad económica, la misma teoría tan maravillosa que como siempre tan sólo favorece a los ricos, mientras los más pobres son machacados. Me gusta ser breve y conciso por lo que creo que aunque hay mucho más que decir he dejado claro que la globalización es otro de los devastadores efectos capitalistas. Concluyo recordando que “hay pobres porque hay ricos y hay ricos porque hay pobres”.


Javier Usera
La globalización económica de iguales a iguales.

La globalización económica es algo que muchas empresas buscan ya que significaría el levantamiento de barreras de entrada y salida a ciertos mercados y por lo tanto favorecería el libre mercado. Esto puede ser algo bueno ya que fomentaría el comercio por parte de todos los países del mundo pero hay que darse cuenta de una cosa, no somos todos iguales. No es lo mismo dejar que España y EEUU comercialicen sin aranceles que hacerlo con China. España, la cual forma parte de la UE, tiene unas condiciones laborales similares a las de EEUU, es decir, temas como la mano de obra para producir ciertos bienes cuestan mas o menos lo mismo. Sin embargo, China es un país conocido por su gran explotación de trabajadores. Es un país donde las condiciones laborales no son iguales a las nuestras, por eso no me parecería justo quitar aranceles o dejar que China comercialice con cierta facilidad en mercados internacionales. China ya no es una economía emergente por mucho que siga en los BRICS, ¡es una potencia económica! Para otros mercados emergentes como Zambia o Nigeria si que favorecería el libre comercio ya que son países que necesitan la ayuda de mercados internacionales para salir adelante. Aun así seguiría teniendo en cuenta las condiciones laborales de cada país. Un factor que me resulta inquietante de la globalización económica seria el poder que podrían llegar a tomar las multinacionales al liberar el comercio ya que se destruirían pequeñas empresas y se darían mas criterio a las grandes. Me despido de este artículo diciendo que antes de un mundo capitalista hay que tener bienestar social. Con una globalización económica entre iguales haremos que países como China estén obligados a tener mejores condiciones laborales para poder comerciar y así conseguir un cierto punto de bienestar en la sociedad de países como China.


Adrián Fernández
Desde tiempos inmemoriales ha surgido un rico debate económico sobre si los estados deberían favorecer el comercio propio o si deberían favorecer el libre mercado. Ahora mismo Europa se vuelve a hacer eco de dicho debate, y el neoliberalismo grita fuerte y alto que quiere una Europa sin fronteras económicas. Que no nos engañen, una unión en la decisión de precios ahora mismo es inviable por una simple razón: el salario mínimo interprofesional en Portugal es de 589 euros, mientras que el de Alemania es de 1473. Yo me niego a que Europa se convierta en la líder de precios competitivos a cambio de la explotación de los trabajadores en los países del sur. Está muy bien que queramos una Europa más unida y mejor, sin duda, pero creo que ahora mismo los países no pueden especular con bajar aún más los precios de los productos que producen, o en su defecto los costes laborales. Tendríamos una Europa unida, pero una Europa en la que los ricos del norte comprarían absolutamente todo en el sur a precios de ganga a costa de todos los trabajadores de aquí. Y lo siento mucho, pero esa no es la Europa que yo quiero.   

1 comentario:

  1. El proceso globalizador debe adoptar nuevos "métodos" globalizadores pues tristemente se ha ceñido a la internacionalización económica con sus luces y sombras que los compañeros han analizado.
    Es fundamental aprovechar las herramientas a nuestra mano para globalizar los derechos laborales, la democracia, la educación, la sanidad, la justicia, la investigación y el desarrollo de los países para evitar que unos se vuelvan élites ultradesarrolladas y otros pueblos se queden (en comparación) en la Edad de Piedra (no olvidemos lo que realmente significa ser un país subdesarrollado ya que parece que esta combinación de palabras ha perdido su significado).
    La globalización debería globalizarse a sí misma y extenderse a todos los ámbitos poniendo en primer lugar a las personas y en segundo al capital.
    Solo este tipo de globalización podrá permitir que se cumpla la célebre frase de Socrates "Yo soy ciudadano del mundo".

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