lunes, 14 de septiembre de 2015

La autodeterminación. El problema catalán. Contribución de Nacho Vargas.

“Democracia” deriva del griego “dḗmos” que podríamos traducir como “pueblo” y “krátos”
traducida como “gobierno” o “poder”. Si describo aquí su significación etimológica no es para 
lanzar ninguna utopía, sino para reflexionar sobre una democracia adolescente.

Es evidente que hay una progresiva corriente de catalanes que comienzan a ver a España como 
una realidad administrativa ajena a Cataluña, no sé cuantos y no quiero debatir en cuestiones
numéricas, pero dibujar una “V” entre la Diagonal y la Gran Vía no se hace entre tres o cuatro. 
Existiendo tal demanda, las autoridades políticas desde Madrid deben dejar de atrincherarse 
tras pantallas de plasmas, olvidar el intento de “españolización”, eludir su pasividad y enfrentarse al conflicto antes de que Cataluña se vaya por completo (no institucionalmente sino en su sentido original, en su sentido patriótico, sentimental; en su sentido, como diría Castells “reterritorial”). 

No poseo fórmulas mágicas, pero para mí es indispensable un acercamiento, un diálogo y propuestas para conseguir un apretón de manos. Pero como los políticos pecan de ser pertinaces y no de ser pertinentes; el referéndum, guste o no, es una herramienta democrática que podría ser la clave para dar respuesta a este conflicto tal y como ha hecho David Cameron con Escocia (parece de broma que un partido conservador nos dé lecciones de democracia).

 Y, para los del argumento de la inconstitucionalidad: muchas veces no se trata de cuestión de
Constitucionalidad, sino de interés político (he aquí los cimientos del Art. 135 de nuestra Carta
Magna).

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