traducida como “gobierno” o “poder”. Si describo aquí su significación etimológica no es para
lanzar ninguna utopía, sino para reflexionar sobre una democracia adolescente.
Es evidente que hay una progresiva corriente de catalanes que comienzan a ver a España como
una realidad administrativa ajena a Cataluña, no sé cuantos y no quiero debatir en cuestiones
numéricas, pero dibujar una “V” entre la Diagonal y la Gran Vía no se hace entre tres o cuatro.
Existiendo tal demanda, las autoridades políticas desde Madrid deben dejar de atrincherarse
tras pantallas de plasmas, olvidar el intento de “españolización”, eludir su pasividad y enfrentarse al conflicto antes de que Cataluña se vaya por completo (no institucionalmente sino en su sentido original, en su sentido patriótico, sentimental; en su sentido, como diría Castells “reterritorial”).
No poseo fórmulas mágicas, pero para mí es indispensable un acercamiento, un diálogo y propuestas para conseguir un apretón de manos. Pero como los políticos pecan de ser pertinaces y no de ser pertinentes; el referéndum, guste o no, es una herramienta democrática que podría ser la clave para dar respuesta a este conflicto tal y como ha hecho David Cameron con Escocia (parece de broma que un partido conservador nos dé lecciones de democracia).
Y, para los del argumento de la inconstitucionalidad: muchas veces no se trata de cuestión de
Constitucionalidad, sino de interés político (he aquí los cimientos del Art. 135 de nuestra Carta
Magna).
Constitucionalidad, sino de interés político (he aquí los cimientos del Art. 135 de nuestra Carta
Magna).
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