En contra de lo que se piense, el camino hacia el soberanismo catalán no ha terminado. La primera
fase se planteó como un reto para verla correlación de fuerzas entre el Estado y el Gobierno catalán y los separatistas. Pero la segunda fase comienza ahora, cuan el PP está debilitado, hay una elecciones, el parlamento será muy fragmentado y los ayuntamientos van a cambiar de signo. Si de los nuevos partidos que ocupen el Congreso alguno apoyara el independencia catalana esto sería un caos.
Por otra parte, el presidente catalán, Mas, ha pedido apoyo a los inmigrantes, que en Cataluña son
muchísimos, a cambio de ventajas y de obtener posiciones sociales más relevantes que las actuales. Lo malo de esto es que entre los inmigrantes están los de religión musulmana y, con todos los respetos, ese apoyo de Mas puede desembocar en un pozo del que no sabremos cuál es el fondo, dado que algunos de los ciudadanos que se han marchado de España para enrolarse en el IS han salido de Cataluña. Juego muy peligroso el de Mas y los separatistas.
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