En un país como España y en un año de tantos cambios como el 2015, no se puede negar que lo que ha hecho Ciudadanos, apoyando a populares en la Comunidad de Madrid y socialistas en la de Andalucía, es sumamente arriesgado. Si ya es difícil explicar cualquier pacto, seas del partido que seas, sin ser llamado casta y sin que irrumpan voces llamando “recambio” a todo lo que se mueve, apoyar a PPSOE en dos territorios tan fatídicos es, para el elector medio, sin deseo alguno de leer un programa electoral y alérgico a explicaciones racionales que pasen de cuatro gritos y eslóganes que ellos puedan repetir, casi sacrílego. Por mucho que Ciudadanos hable de cientos de medidas, consultables en su sitio web y regeneradoras, la mayor parte de España no las va a leer, no las va a querer entender, o no va a creer que se vayan a cumplir, conque, como movimiento político, es más que cuestionable. ¿Para mí? Simplemente correcto. Respetan la voluntad ciudadana y, de paso, imponen condiciones que los españoles llevaban pidiendo durante mucho tiempo. A veces estaría bien que supiésemos ver más allá del fanatismo y la indignación crónica. El tiempo de venganza ya ha pasado.
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